Linterna de Popa 550
Jorge F. Baca Campodónico
Julio 2026
¿Porque el Perú no crece a más del 6 por ciento?
Las claves para crecer a más del 6% y duplicar el PBI en 10 años
Destaque:
El Perú no podrá crecer sostenidamente por encima del 6% solo con estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica o inversión extranjera. La clave está en elevar la productividad, reducir la informalidad y convertir los actuales términos de intercambio favorables en un verdadero ciclo de inversión productiva.
Durante los últimos doce años, la economía peruana ha transitado por un camino de bajo dinamismo, atrapada en un crecimiento que rara vez supera el 4% anual y que, en promedio, ha sido incluso menor. Este ritmo, insuficiente para transformar la estructura productiva del país, tampoco ha logrado reducir de manera sostenida la pobreza, pese a la expansión significativa de programas de transferencia monetaria como el programa Juntos.

La trampa del 3%
El Perú, que alguna vez fue presentado como ejemplo de estabilidad macroeconómica y crecimiento vigoroso en América Latina, parece hoy estancado en una suerte de “trampa del 3%”, donde la economía avanza, pero no despega; se mueve, pero no se transforma; crece, pero no se desarrolla. Esta paradoja resulta aún más evidente si se considera que ocurre en un momento en que el país goza de términos de intercambio históricamente favorables, con precios de sus productos de exportación —especialmente minerales— que superan ampliamente los precios de los bienes que importa.

La meta de crecer más del 6%
La presidenta electa ha declarado que su objetivo es revertir esta tendencia. Su meta es crecer 3.8% en 2026 y alcanzar un crecimiento sostenido de 6% a partir de 2027. La ambición es enorme, y el desafío, monumental. Para muchos analistas, la receta para lograrlo parece evidente: combatir la delincuencia, fortalecer la seguridad jurídica, estabilidad monetaria, mejorar la gestión pública y promover la inversión privada. Sin embargo, la pregunta de fondo es si estas medidas, aunque necesarias, son suficientes para romper la inercia de bajo crecimiento que caracteriza al Perú contemporáneo. La evidencia económica sugiere que no. El país necesita mucho más que orden público, mejor gestión y confianza empresarial para dar el salto hacia un crecimiento acelerado y sostenido.
¿Qué dice la teoría económica?
La teoría económica, desde los trabajos seminales de Robert Solow, ha demostrado que el crecimiento de largo plazo depende de tres factores fundamentales: la inversión en capital fijo, la utilización plena del factor trabajo y la productividad total de los factores. De estos tres, la productividad es el componente decisivo. Un país puede invertir enormes cantidades en capital, pero si esa inversión no está bien asignada, si no se acompaña de mejoras en la eficiencia del trabajo y del capital, el impacto sobre el crecimiento será limitado. La productividad es, en esencia, la capacidad de hacer más con lo mismo, o incluso con menos. Es el motor silencioso que permite que las economías se transformen, que los ingresos aumenten y que la pobreza retroceda de manera sostenible.
El caso Peruano
En el caso peruano, la asignación de recursos de inversión es un problema estructural. La cantidad de inversión importa, pero la calidad importa aún más. La inversión proviene del ahorro interno —que incluye la inversión pública y privada nacional— y del ahorro externo, es decir, la inversión extranjera. Esta última depende de que el país ofrezca estabilidad monetaria y fiscal, seguridad jurídica y social, y oportunidades financieras comparables o superiores a las de otros países que compiten con el Peru por atraer la inversión extranjera.
La inversión privada doméstica, en cambio, depende de la capacidad del país para generar excedentes productivos. A mayor productividad, mayores excedentes; a mayores excedentes, mayor ahorro; y a mayor ahorro, mayor inversión privada nacional. Sin aumento de productividad, el círculo virtuoso simplemente no se activa.
La evolución de la inversión bruta fija como porcentaje del PBI confirma esta dificultad estructural. Después del esfuerzo inicial de estabilización y reformas realizado durante el gobierno de Alberto Fujimori, la tasa de inversión se contrajo significativamente entre 2000 y 2005, durante la administración de transición de Valentín Paniagua y el gobierno de Alejandro Toledo. Posteriormente, se recuperó con fuerza durante la segunda administración de Alan García, impulsada por el primer boom de los precios de los minerales, hasta alcanzar niveles cercanos al 25% del PBI.
Sin embargo, desde entonces la inversión ingresó en una tendencia decreciente, apenas interrumpida temporalmente por los efectos extraordinarios asociados al COVID-19. Hacia 2025, la inversión bruta fija se ubica en apenas 21.6% del PBI, muy lejos de los niveles alcanzados durante el segundo gobierno de Alan García y, lo que es más preocupante, pese a que el país enfrenta hoy términos de intercambio excepcionalmente favorables. En otras palabras, aun con precios externos inmejorables para sus exportaciones, el Perú no logra transformar esa ventaja en un ciclo robusto de inversión productiva.

La Productividad la clave del Desarrollo
La productividad no es solo un concepto macroeconómico, es la base de la generación de excedentes por encima de los niveles de subsistencia que permiten el ahorro y como consecuencia la inversión. La productividad se manifiesta en la estructura misma del mercado laboral. Un país que asigna bien sus recursos es un país donde el empleo es pleno o cercano a pleno, donde la informalidad es baja y donde los trabajadores se ubican en actividades que generan valor.
En el Perú ocurre lo contrario. La informalidad supera el 70%, el subempleo es masivo y la brecha entre la productividad de los sectores formales e informales es abismal. Estas distorsiones no solo afectan el crecimiento económico: generan tensiones sociales, alimentan la violencia y profundizan la polarización. Un mercado laboral disfuncional es, en última instancia, un caldo de cultivo para la inestabilidad política y social y las políticas fiscales populistas y demagógicas.
Ignorando el bienestar de las generación futuras
La situación es aún más compleja en un país como el Perú, donde las riquezas naturales no renovables —particularmente mineras— juegan un rol central en la economía. La asignación de recursos de inversión debe considerar no solo las necesidades presentes, sino también las de las futuras generaciones. La riqueza natural es finita, y su explotación debe ser acompañada de políticas que aseguren que los beneficios se traduzcan en capacidades productivas duraderas. De lo contrario, el país corre el riesgo de consumir hoy lo que debería sostener su desarrollo mañana.
Aumento de la Productividad
En este contexto, el aumento de la productividad de los factores de producción, especialmente la productividad laboral, es fundamental. En el Perú, la baja productividad laboral es la raíz de la informalidad, de la expansión de actividades ilícitas y de la violencia social. La evidencia es clara en sectores como el minero y el agrícola, donde la diferencia entre la productividad de los segmentos formales e informales es gigantesca. Pero el problema se extiende a otros sectores como transporte, comercio y construcción. La economía peruana funciona, en buena medida, como dos países superpuestos: uno moderno, formal y productivo; y otro informal, precario y de baja productividad. Mientras esta dualidad persista, el crecimiento acelerado será una quimera.
El gráfico de productividad laboral por sectores confirma la magnitud de esta dualidad. Mientras la productividad del sector formal bordea los 180 mil soles anuales por trabajador, la del sector informal apenas alcanza alrededor de 30 mil soles anuales. La diferencia no es marginal: revela una economía profundamente segmentada, donde la mayor parte de la fuerza laboral se concentra en actividades de muy bajo valor agregado. Más grave aún, el aumento de la productividad en ambos sectores parece haberse estancado en los últimos años, lo que limita la capacidad del país para generar mayores ingresos, elevar el ahorro interno y sostener un proceso de inversión capaz de impulsar un crecimiento superior al 6% anual.

¿Como aumentar la Productividad?
Es evidente que la inversión extranjera, por sí sola, no resolverá este problema. Tampoco lo hará el aumento de las transferencias monetarias del programa Juntos. Ningún país ha logrado sacar de la pobreza al 30% de su población únicamente mediante subsidios. Las transferencias pueden aliviar la pobreza extrema, pero no generan productividad. Y sin productividad, no hay crecimiento sostenido.
La solución estructural es conocida: educación universal de calidad, acompañada de seguridad alimentaria para eliminar la anemia y desnutrición infantil que es el momento en que se define la capacidad intelectual. La educación con seguridad alimentaria es el mecanismo más poderoso para aumentar la productividad laboral, reducir la informalidad y cerrar brechas sociales.
Pero esta solución requiere tiempo, al menos una generación, y solo funciona si se implementa con calidad y oportunidad. El problema es que la política educativa peruana se ejecuta con baja calidad, tanto en infraestructura como en la formación de los maestros y los programas para reducción de la anemia son inefectivos. Mientras se espera que la educación produzca sus efectos, las tensiones sociales pueden aumentar, la violencia puede expandirse y las actividades ilícitas pueden paralizar la economía. El país no puede darse el lujo de esperar veinte años para ver resultados.
El Big Push
¿Qué hacer entonces? La respuesta es que el Perú necesita un “Big Push” en productividad inmediato, un shock de productividad, especialmente en los sectores informales y más pobres. Este impulso debe complementar los programas de transferencias monetarias con programas masivos de transferencias de capital: tractores, maquinaria, reservorios, canales, sistemas de riego, infraestructura básica como postas médicas, escuelas, agua y desagüe.
En el sector agropecuario, esto permitiría transformar la productividad de millones de pequeños productores que hoy operan con tecnología del siglo XIX. En los sectores urbanos, el Big Push debe enfocarse en la mejora masiva de viviendas en los barrios pobres que rodean las grandes ciudades, mediante una reformulación integral del Programa Mi Vivienda, construyendo muros de contención, servicios de agua y desagüe, escuelas y postas médicas. Estas inversiones no solo aumentan la productividad: reducen la vulnerabilidad ante desastres naturales, fortalecen la cohesión social y generan empleo inmediato.
Efecto en el crecimiento de la economía y en el desarrollo
Simulaciones de modelos econométricos muestran que, con medidas de aumento de la productividad laboral, acompañadas de inversión en minería, agroexportación y reforestación, el país podría crecer 6% anual o más. Con ese ritmo, el Perú podría duplicar su PBI en diez años, romper la trampa de la pobreza y reducir la pobreza a un dígito, todo ello sin comprometer la estabilidad monetaria y fiscal. El potencial existe. Lo que falta es la decisión política de activar un programa de transformación productiva de gran escala.

El Peru en 2025 invirtió 73,600 millones de dólares americanos para sustentar un crecimiento de 3.4% en el 2026. Estas cifras nos dan una idea del esfuerzo descomunal que se requiere en inversión para crecer al 6% o más si es que no se aumenta la productividad. Para entender por qué el Perú no crece a más del 6%, es necesario examinar con mayor detalle los factores que han limitado su desempeño económico en los últimos quince años.
Bajos niveles de Inversión Privada
El primer elemento es la caída de la inversión privada nacional como porcentaje del PBI. Aunque la inversión extranjera ha mostrado resiliencia en sectores como minería, la inversión privada doméstica ha perdido dinamismo. Esto se explica por la baja generación de excedentes productivos, consecuencia directa de la baja productividad. Las empresas pequeñas y medianas, que constituyen la mayor parte del tejido empresarial peruano, operan con márgenes estrechos, tecnología obsoleta y acceso limitado al crédito. En estas condiciones, las empresas medianas y pequeñas no se capitalizan y el ahorro privado es insuficiente para sostener un ciclo de inversión robusto.
La Informalidad y las Actividades Ilícitas
El segundo elemento es la informalidad. La informalidad no es solo un problema laboral: es un problema de productividad. Un trabajador informal produce, en promedio, entre cinco y diez veces menos que un trabajador formal. Esta brecha es devastadora para el crecimiento económico. La informalidad también limita la capacidad del Estado para recaudar impuestos, lo que reduce los recursos disponibles para inversión pública y fomenta la aparición de actividades ilícitas como la minería ilegal, la tala ilegal, y el contrabando. Además, genera un círculo vicioso: baja productividad, bajos ingresos, baja capacidad de ahorro, baja inversión y, nuevamente, baja productividad.
Debilidad Institucional
El tercer elemento es la debilidad institucional. La inseguridad jurídica, la corrupción y la inestabilidad política han erosionado la confianza de los inversionistas. La delincuencia, que se ha convertido en un problema nacional, afecta directamente la actividad económica. Pero incluso si el país lograra reducir la delincuencia y mejorar la seguridad jurídica, estos avances no serían suficientes para alcanzar un crecimiento de 6% sostenido. La seguridad es condición necesaria, pero no suficiente. El crecimiento acelerado requiere transformaciones estructurales profundas.
Baja Calidad del Gasto Público
El cuarto elemento es la baja calidad del gasto público. El Perú invierte poco y gasta mal. La inversión pública está fragmentada, politizada y, en muchos casos, mal ejecutada y en muchos casos con corrupción. Los proyectos de infraestructura se retrasan, se encarecen o se paralizan. La falta de capacidad técnica en los gobiernos regionales y locales es un obstáculo recurrente. Sin una reforma profunda del sistema de inversión pública, el país seguirá desperdiciando recursos que podrían impulsar la productividad.
Falta de estrategia de Desarrollo
El quinto elemento es la falta de una estrategia nacional de desarrollo productivo. El Perú ha vivido durante décadas bajo la idea de que el mercado, por sí solo, asignará los recursos de manera eficiente. Esta visión ignora la realidad de un país con enormes brechas de infraestructura, educación y tecnología. La experiencia internacional muestra que los países que han logrado crecer a tasas superiores al 6% —como Corea del Sur, China o Vietnam— han implementado estrategias de desarrollo productivo que combinan inversión pública, incentivos privados y políticas de capacitación laboral. El Perú carece de una estrategia de este tipo.
Las claves para crecer más del 6%
La pregunta central es qué necesita el Perú para crecer a más del 6%. La respuesta, aunque compleja, puede sintetizarse en tres grandes pilares: productividad, inversión y cohesión social.
El primer pilar es la productividad. Sin aumentos significativos en la productividad laboral y del capital, el país no podrá sostener un crecimiento acelerado. La productividad depende de educación, tecnología, infraestructura y calidad institucional. La educación es el factor más importante, pero también el más lento. Por ello, el país necesita políticas complementarias que generen aumentos de productividad en el corto plazo. El Big Push es una de ellas. La transferencia masiva de capital a los sectores informales puede generar un salto inmediato en productividad. Un pequeño agricultor que recibe un sistema de riego tecnificado puede duplicar o triplicar su producción en un año. Un transportista informal que accede a un vehículo moderno puede aumentar su productividad de manera sustancial. Un barrio que recibe infraestructura básica puede transformar su economía local.
El segundo pilar es la inversión. El Perú necesita aumentar su tasa de inversión domestica total, tanto pública como privada. La inversión extranjera es importante, pero no suficiente. La inversión privada nacional debe crecer, y para ello es necesario aumentar la productividad y los excedentes productivos. La inversión pública debe ser más eficiente, más estratégica y más orientada a cerrar brechas. El país necesita infraestructura logística, infraestructura educativa, infraestructura sanitaria e infraestructura productiva. Sin estas inversiones, la productividad no aumentará.
El tercer pilar es la cohesión social. Un país dividido, polarizado y violento no puede crecer a tasas altas. La cohesión social depende de la reducción de la informalidad, de la mejora de la calidad de vida en los barrios pobres y de la creación de oportunidades económicas para todos. La violencia y las actividades ilícitas son síntomas de un mercado laboral disfuncional. Si el país logra aumentar la productividad laboral y reducir la informalidad, la cohesión social mejorará y el crecimiento económico será más sostenible.
El Perú se encuentra en una encrucijada histórica. Puede continuar por el camino del crecimiento anémico, atrapado en la informalidad, la baja productividad y la inestabilidad social. O puede emprender una transformación profunda que le permita crecer a tasas superiores al 6%, duplicar su PBI en una década y reducir la pobreza a un dígito. La decisión es política, pero el diagnóstico es económico. El país necesita un Big Push en productividad, una estrategia nacional de desarrollo productivo y una reforma profunda de la inversión pública. Necesita educación de calidad, pero también políticas que generen resultados inmediatos. Necesita seguridad jurídica, pero también cohesión social. Necesita inversión extranjera, pero sobre todo inversión privada nacional. El Perú tiene el potencial. Lo que falta es la voluntad de convertir ese potencial en realidad. (El contenido de esta columna se puede consultar en http://www.prediceperu.com/).