Linterna de Popa 542

Linterna de Popa 542

Jorge F. Baca Campodónico

Mayo 2026

Corremos el riesgo de caer en una estagflación

Inflación, guerra y elecciones: el triángulo que amenaza la estabilidad económica

Destaque:

La inflación vuelve a golpear a los hogares peruanos: guerra, incertidumbre electoral y presión cambiaria se combinan en una tormenta que amenaza salarios, consumo, inversión y estabilidad económica. El BCRP tendrá que hilar fino para mantener la estabilidad financiera y el nuevo gobierno recibirá una bomba de tiempo.

La economía peruana atraviesa una tormenta que combina presiones externas e internas y que ya empieza a sentirse con fuerza en el bolsillo de los hogares. El encarecimiento internacional del petróleo y los fertilizantes, la volatilidad del tipo de cambio en medio de la incertidumbre electoral y el deterioro de las expectativas empresariales han ido configurando un escenario cada vez más delicado para el Banco Central. Las cifras del Índice de Precios al Consumidor (IPC)  del mes de abril muestran que la inflación se ha acelerado por encima del rango meta del BCRP y se acelera precisamente en los rubros más sensibles para las familias, mientras los salarios pierden terreno en términos reales y el empleo formal deja de mostrar el dinamismo de meses anteriores.

Este golpe económico llega, además, en uno de los momentos políticos más frágiles de los últimos años. La segunda vuelta presidencial mantiene a los mercados en alerta, mientras la prolongación de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán empuja al alza los precios del petróleo y los fertilizantes, dos insumos clave para la economía peruana. La presión combinada de ambos factores recae sobre el tipo de cambio y alimenta una inflación importada que castiga sobre todo a los alimentos y al transporte. A la vez, el Congreso sigue aprobando medidas que amplían el déficit fiscal y Petroperú busca nuevos financiamientos, en un contexto que reduce el margen de maniobra del Estado. Con ese telón de fondo, la política monetaria se mueve en una línea estrecha: contener la inflación sin terminar de enfriar una economía que ya comienza a mostrar signos de debilidad.

El choque externo: petróleo y fertilizantes como motores de inflación importada

El primer elemento de esta tormenta económica proviene del exterior. El precio internacional del petróleo ha escalado de manera sostenida desde que se intensificó el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. La posibilidad de que la guerra se prolongue —y de que afecte rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz— ha elevado las primas de riesgo geopolítico y ha impulsado al alza el costo del crudo. Para una economía como la peruana, altamente dependiente de combustibles importados, este aumento se traduce casi de inmediato en mayores costos de transporte, electricidad y producción industrial y este aumento se suma al choque causado par la ruptura del gaseoducto el mes pasado.

El impacto es particularmente visible en el componente de transportes del IPC. Según el INEI, el rubro de transportes muestra una evolución mensual ascendente en los últimos meses. Esto no sorprende: el precio de los combustibles es uno de los más sensibles a los choques externos y uno de los que más rápidamente se trasladan al consumidor final. Cada incremento del petróleo se convierte en un aumento del costo del transporte público, del flete de alimentos, del traslado de mercancías y, en general, de toda la cadena logística del país.

El segundo choque externo proviene del mercado de fertilizantes, especialmente de la urea. La guerra ha interrumpido rutas de suministro y ha elevado los precios internacionales de los insumos agrícolas. Para el Perú, donde una parte significativa de la producción de alimentos depende de fertilizantes importados, este aumento tiene un efecto directo sobre el costo de producción agrícola. El resultado es un incremento en los precios de frutas, verduras, tubérculos y otros productos esenciales de la canasta básica.

Los datos del INEI confirman esta tendencia: el componente de alimentos del IPC muestra una variación anualizada creciente, reflejando el impacto del encarecimiento de los insumos agrícolas. En un país donde el gasto en alimentos representa una proporción elevada del presupuesto de los hogares —especialmente de los más pobres—, este tipo de inflación es particularmente regresiva. No solo reduce el poder adquisitivo, sino que también incrementa la vulnerabilidad alimentaria y la desigualdad. Los niveles de pobreza monetaria recientemente divulgados por el INEI para 2025 que muestran una mejora podrían registrar un deterioro en 2026 producto del aumento de la inflación y pérdida del poder adquisitivo de los salarios.

El tipo de cambio como amplificador del choque inflacionario

A los choques externos se suma un factor interno que amplifica sus efectos: la depreciación del tipo de cambio. La incertidumbre política generada por la segunda vuelta presidencial ha provocado una salida de capitales y una mayor demanda de dólares como refugio. Cada episodio de tensión electoral —encuestas contradictorias, declaraciones polarizantes, denuncias cruzadas— se traduce en un salto del tipo de cambio, que a su vez encarece las importaciones y alimenta la inflación.

El Perú es una economía dolarizada, tanto en precios como en expectativas. Cuando el tipo de cambio sube, los importadores ajustan sus precios, los consumidores anticipan mayores costos y los agentes económicos revisan sus contratos. Este mecanismo de transmisión hace que la depreciación del sol tenga un impacto inmediato sobre el IPC total y, en particular, sobre los rubros más expuestos al comercio exterior.

La inflación importada se convierte así en un fenómeno difícil de controlar en el corto plazo, porque no responde directamente a la demanda interna ni a la capacidad productiva del país, sino a factores geopolíticos y políticos que escapan al control de la política monetaria.

El círculo vicioso: inflación, depreciación y pérdida de poder adquisitivo

La interacción entre inflación y tipo de cambio genera un círculo vicioso que puede ser difícil de romper. Cuando el tipo de cambio sube, la inflación aumenta. Cuando la inflación aumenta, los agentes económicos buscan protegerse dolarizando sus ahorros o demandando mayores salarios. Esta mayor demanda de dólares presiona nuevamente el tipo de cambio, alimentando la inflación. En paralelo, la pérdida de poder adquisitivo reduce el consumo, afecta la actividad económica y deteriora la confianza empresarial, lo que a su vez reduce la inversión y genera más incertidumbre.

Adicionalmente, los datos del INEI muestran con claridad el deterioro del poder adquisitivo. La Remuneración Mínima Vital real —es decir, descontando la inflación— ha venido registrando variaciones anualizadas negativas. Esto significa que, aunque el salario mínimo nominal se mantenga constante, su capacidad de compra se reduce mes a mes. Lo mismo ocurre con el salario promedio del sector formal privado, cuya variación real también muestra una tendencia descendente.

Este deterioro del salario real es especialmente preocupante porque afecta tanto a los trabajadores de menores ingresos como a la clase media formal. En un contexto donde los precios de alimentos y transportes —los rubros más esenciales— son los que más suben, la pérdida de poder adquisitivo se siente con mayor intensidad. Las familias ajustan su consumo, reducen gastos no esenciales y enfrentan mayores dificultades para cubrir sus necesidades básicas.

El riesgo de estagflación: crecimiento débil e inflación persistente

La combinación de inflación elevada, depreciación del tipo de cambio y pérdida de poder adquisitivo crea las condiciones para un escenario de estagflación: un periodo donde la economía crece poco o nada, pero los precios siguen subiendo. Este es uno de los escenarios más difíciles de manejar para cualquier autoridad económica, porque las herramientas tradicionales de política monetaria y fiscal pierden eficacia.

Si el Banco Central sube las tasas de interés para contener la inflación, corre el riesgo de profundizar la desaceleración económica y agravar el desempleo. Si mantiene las tasas bajas para estimular la actividad, corre el riesgo de que la inflación se descontrole y se pierda la ancla de expectativas. En un contexto donde la inflación proviene principalmente de choques externos y de la depreciación del tipo de cambio, la política monetaria enfrenta un dilema complejo.

El riesgo de estagflación se incrementa si la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán se prolonga. Cada mes adicional de conflicto implica precios más altos del petróleo y de los fertilizantes, mayor presión sobre el tipo de cambio y más incertidumbre en los mercados internacionales. Para una economía abierta como la peruana, estos choques pueden prolongarse durante varios trimestres, afectando tanto la inflación como el crecimiento.

La fragilidad fiscal: Congreso, Petroperú y el margen de maniobra reducido

A este panorama se suma un deterioro de las cuentas fiscales. El Congreso ha venido aprobando medidas que incrementan el gasto público sin una fuente clara de financiamiento, lo que presiona el déficit fiscal y aumenta las necesidades de endeudamiento. En paralelo, Petroperú ha solicitado nuevos financiamientos para cubrir sus obligaciones, lo que podría implicar mayores transferencias del Tesoro Público o garantías estatales adicionales.

Un déficit fiscal creciente reduce la capacidad del Estado para responder a choques externos y limita el margen de maniobra para implementar políticas contra cíclicas. Además, incrementa la percepción de riesgo país, lo que puede generar más presión sobre el tipo de cambio y encarecer el costo del financiamiento externo. En un contexto de incertidumbre electoral, este deterioro fiscal puede convertirse en un factor adicional de inestabilidad.

El Banco Central ante el desafío: controlar la inflación sin provocar una recesión

El Banco Central del Perú enfrenta uno de los desafíos más complejos de las últimas décadas. Debe contener una inflación impulsada por factores externos y por la depreciación del tipo de cambio, pero sin asfixiar una economía que ya muestra señales de debilidad. Debe evitar que las expectativas inflacionarias se desanclen, pero sin provocar un aumento excesivo del costo del crédito que afecte a las empresas y a los hogares.

La política monetaria debe “hilar muy fino”, porque cualquier movimiento brusco puede tener efectos no deseados. Un aumento agresivo de tasas podría frenar la inflación, pero también podría profundizar la desaceleración económica y aumentar el desempleo. Una postura demasiado laxa podría estimular la actividad económica, pero también podría alimentar la depreciación del tipo de cambio y acelerar la inflación.

El Banco Central debe, además, administrar las expectativas de los mercados para evitar episodios de volatilidad excesiva. En un contexto donde la incertidumbre electoral es alta, la credibilidad de la autoridad monetaria es fundamental para evitar que la depreciación del tipo de cambio se convierta en una espiral difícil de controlar.

El impacto sobre la inversión: fuga de capitales y paralización de proyectos

La incertidumbre política y económica ha generado una salida de capitales que presiona aún más al tipo de cambio. Los inversionistas extranjeros han adoptado una postura de cautela, postergando decisiones de inversión hasta que se clarifique el panorama político. La inversión extranjera directa, que ha sido un motor importante del crecimiento en sectores como minería, energía e infraestructura, podría paralizarse si la incertidumbre persiste.

La fuga de capitales no solo afecta al tipo de cambio, sino que también reduce la disponibilidad de financiamiento para proyectos productivos. Las empresas enfrentan mayores costos de crédito, menor acceso a financiamiento externo y un entorno de mayor riesgo. Esto puede traducirse en una reducción de la inversión privada, que ya venía mostrando señales de debilidad en los últimos trimestres.

Para el próximo presidente, que asumirá en julio, este escenario representa una carga pesada. Deberá enfrentar una economía debilitada, una inflación elevada, un tipo de cambio presionado, un déficit fiscal creciente y una inversión privada paralizada. Además, deberá reconstruir la confianza de los mercados y de los agentes económicos, lo que requerirá señales claras de estabilidad, responsabilidad fiscal y respeto a las instituciones.

El impacto social: hogares bajo presión y aumento de la desigualdad

El deterioro del poder adquisitivo tiene un impacto directo sobre el bienestar de los hogares. La inflación en alimentos y transportes —los rubros que más pesan en el presupuesto de las familias de menores ingresos— incrementa la pobreza monetaria y reduce la capacidad de los hogares para cubrir sus necesidades básicas. La caída del salario real agrava esta situación, especialmente para los trabajadores informales y para aquellos que dependen del salario mínimo.

La Remuneración Mínima Vital real ha venido cayendo en términos anualizados, lo que significa que los trabajadores que ganan el salario mínimo han perdido capacidad de compra. Lo mismo ocurre con el salario promedio del sector formal privado, cuya variación real también es negativa. Este deterioro del salario real incrementa la desigualdad y reduce la movilidad social.

En un contexto donde la inflación golpea con mayor fuerza a los hogares más vulnerables, las tensiones sociales pueden incrementarse. La percepción de que los precios suben más rápido que los ingresos genera frustración, descontento y desconfianza en las instituciones. Si la inflación persiste y el crecimiento económico se mantiene débil, el país podría enfrentar un aumento de la conflictividad social y una mayor polarización política.

El camino hacia adelante: evitar la espiral y recuperar la estabilidad

El Perú enfrenta un momento decisivo. La combinación de choques externos, incertidumbre interna y deterioro fiscal ha creado un escenario complejo que requiere respuestas coordinadas y responsables. Para evitar un episodio de estagflación, es necesario actuar en varios frentes.

En el corto plazo, el Banco Central debe mantener una postura firme para evitar que la inflación se descontrole, pero sin provocar una recesión profunda. La política fiscal debe ser responsable y evitar medidas populistas que incrementen el déficit. El próximo gobierno debe enviar señales claras de estabilidad, respeto a las instituciones y compromiso con la inversión privada.

En el mediano plazo, el país debe reducir su vulnerabilidad a los choques externos. Esto implica diversificar la matriz energética, fortalecer la producción nacional de fertilizantes, mejorar la infraestructura logística y reducir la dependencia de importaciones estratégicas. También implica fortalecer la productividad agrícola y promover la innovación en el sector agroindustrial.

En el largo plazo, el Perú debe construir un modelo económico más resiliente, basado en la diversificación productiva, la inversión en capital humano y la modernización del Estado. La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente. El país necesita reformas estructurales que permitan elevar la productividad, reducir la informalidad y mejorar la calidad del empleo.

Conclusión: un país en la encrucijada

El Perú se encuentra en una encrucijada histórica. La inflación impulsada por el petróleo y los fertilizantes, la depreciación del tipo de cambio por la incertidumbre electoral, la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro fiscal han creado un escenario que exige liderazgo, responsabilidad y visión de largo plazo. El riesgo de estagflación es real, pero no inevitable. Con políticas adecuadas, coordinación institucional y un compromiso firme con la estabilidad, el país puede superar este momento difícil y retomar la senda del crecimiento.

El próximo gobierno tendrá la responsabilidad de reconstruir la confianza, estabilizar la economía y proteger el poder adquisitivo de los hogares. No será una tarea fácil, pero es una tarea indispensable. El Perú ha enfrentado crisis antes y ha sabido salir adelante. Hoy, más que nunca, necesita claridad, serenidad y decisión. (El contenido de esta columna se puede consultar en http://www.prediceperu.com/).

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