Linterna de Popa 538

Linterna de Popa 538

Jorge F. Baca Campodónico

Abril 2026

Un Modelo Económico Evolutivo para un Perú Desarrollado

Cómo lograr el desarrollo en medio de crisis internas y turbulencias globales

Destaque

El Perú para lograr el desarrollo requiere de un modelo dinámico adaptativo con un enfoque económico evolutivo que permita analizar la coevolución de las tecnologías físicas, sociales y económicas, para lograr instituciones sólidas, innovación tecnológica y cohesión social que permita elevar la productividad de todos los peruanos especialmente de los más pobres.

El futuro del Perú vuelve a situarse frente a una encrucijada decisiva. Las elecciones generales del 12 de abril de 2026 se celebrarán en un clima de polarización política, rechazo de las instituciones, desconfianza ciudadana, inseguridad y un malestar social que se ha vuelto cotidiano. A este escenario interno se suma un contexto internacional inquietante: la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha disparado los precios del petróleo y los fertilizantes, amenazando con un nuevo ciclo inflacionario global que podría golpear con fuerza a economías emergentes como la peruana. En el frente interno, el desorden fiscal propio de un año electoral, sumado a decisiones poco responsables del Congreso, ha elevado el déficit y obligará al próximo gobierno a tomar medidas difíciles para estabilizar las cuentas públicas y evitar volver al pasado.

Sin embargo, incluso en medio de esta turbulencia, el país conserva fortalezas que no deben subestimarse. El Banco Central mantiene una reputación de profesionalismo y autonomía que ha permitido preservar la estabilidad monetaria. Sectores como la minería, la agroexportación y los servicios globales continúan creciendo con dinamismo. Y, pese a la informalidad, la población peruana ha demostrado una notable capacidad de adaptación y emprendimiento. La pregunta que muchos se hacen es si el Perú puede dar un salto cualitativo y convertirse en un país desarrollado en un horizonte de diez años.

La respuesta, según las ideas del economista Eric Beinhocker en The Origin of Wealth, no depende de aplicar un “modelo” rígido donde solo importa el crecimiento del PBI y el control de la inflación, sino de comprender la economía como un sistema evolutivo, donde la riqueza surge de la interacción entre tres grandes motores: las tecnologías físicas, las tecnologías sociales y las tecnologías económicas. Este enfoque ofrece una hoja de ruta distinta, más realista y más profunda, para lograr el desarrollo nacional. Y, sin embargo, este enfoque brilla por su ausencia en los planes de gobierno de los partidos que compiten en la contienda electoral. Una lista interminable de promesas que muy probablemente no se cumplan, o nos lleven a niveles de déficit fiscales del pasado que posterguen la ansiada meta de lograr un Peru desarrollado, con igualdad de oportunidades para todos.

La economía como un sistema evolutivo

Beinhocker propone una visión que rompe con el modelo tradicional de que la economía es una máquina que puede calibrarse desde arriba con políticas monetarias y fiscales. Lo que funciona hoy no necesariamente funcionará mañana. La economía, sostiene, se parece más a un ecosistema vivo, donde millones de agentes —personas, empresas, instituciones— interactúan, experimentan, fracasan, aprenden y evolucionan.

La riqueza de una nación no es un stock estático, sino un proceso dinámico: la acumulación de soluciones a problemas humanos propios de cada sociedad. Esas soluciones se expresan en tres tipos de tecnologías que coevolucionan entre sí. Cuando una se rezaga, el sistema se estanca. Cuando avanzan juntas, el desarrollo se acelera.

Tecnologías físicas: la base material del progreso

Las tecnologías físicas incluyen carreteras, puertos, redes eléctricas, telecomunicaciones, maquinaria agrícola e industrial, hospitales, laboratorios, software, hardware, sensores y sistemas de inteligencia artificial. Son las herramientas que permiten transformar energía y materia en bienes y servicios.

En el Perú, la brecha de infraestructura y la baja adopción tecnológica en el sector tradicional explican buena parte de la desigualdad. Mientras la minería y la agroexportación operan con tecnología de punta, la agricultura andina sigue dependiendo de herramientas manuales y riego precario. Esa asimetría genera dos países dentro de uno: uno moderno y competitivo, y otro atrapado en la baja productividad.

Tecnologías sociales: las reglas del juego

Las tecnologías sociales son las instituciones, normas, leyes, valores, incentivos y formas de organización que permiten que millones de personas cooperen. Incluyen el sistema judicial, la burocracia estatal, los mercados laborales, las regulaciones, las escuelas, los hospitales, las empresas, los sindicatos y las cooperativas. También abarcan elementos intangibles como la confianza, la solidaridad, la reciprocidad y la cultura cívica. Los avances en teoría de juegos y economía del comportamiento, permiten modelar el comportamiento evolutivo de estas instituciones y de los agentes económicos y permiten un nuevo enfoque al análisis económico.

Beinhocker sostiene que estas tecnologías sociales son incluso más importantes que las físicas, porque determinan si un país puede absorber, adaptar y escalar innovaciones. Un país puede tener carreteras, pero si la corrupción domina las instituciones, esas carreteras no generan desarrollo. Puede tener escuelas, pero si el sistema docente no funciona, la educación no produce capital humano. Puede tener leyes, pero si no se cumplen, la inversión no llega.

El Perú arrastra una debilidad estructural en este ámbito: un Estado fragmentado, una burocracia sobrerregulada, un sistema judicial lento y una cultura de desconfianza que alimenta la informalidad. Modernizar estas tecnologías sociales es indispensable para que las tecnologías físicas y económicas funcionen. Y, sin embargo, el país carece de estudios que permitan establecer las correlaciones entre la tecnología física y la tecnología social, una carencia que limita la capacidad de diseñar políticas efectivas.

Tecnologías económicas: los mecanismos que asignan recursos

Las tecnologías económicas son los modelos, políticas, instrumentos financieros y sistemas de incentivos que permiten asignar recursos de manera eficiente. Incluyen la política monetaria y fiscal, los sistemas tributarios, los mercados financieros, los seguros, los fondos de pensiones y los derechos de propiedad.

En este campo, el Perú tiene luces y sombras. El Banco Central es una institución de clase mundial, pero el sistema tributario sigue siendo complejo e ineficiente, el mercado de capitales es poco profundo, la inclusión financiera en pañales y la estructura de incentivos para la formalización laboral es débil. Sin tecnologías económicas modernas, la economía no puede evolucionar con rapidez.

La clave: la coevolución

Para Beinhocker, el desarrollo no es el resultado de una sola política brillante ni de un plan maestro diseñado desde un escritorio. Es el fruto de un proceso de coevolución entre tecnologías físicas, sociales y económicas. Cada una avanza a su propio ritmo, pero ninguna puede hacerlo de manera sostenida sin el progreso simultáneo de las otras. Cuando una se rezaga, el conjunto se estanca; cuando las tres se alinean, el crecimiento se acelera y se vuelve inclusivo.

El Perú ha avanzado en tecnologías económicas y en algunos sectores de tecnologías físicas, pero las tecnologías sociales han evolucionado con mucha más lentitud. Esa asimetría explica por qué el país puede crecer durante ciclos favorables, pero no logra consolidar un desarrollo sostenido.

Lo más preocupante es que el Perú carece de herramientas analíticas para comprender esta dinámica en conjunto. No existen modelos econométricos capaces de simular la coevolución de estas tecnologías ni de cuantificar cómo interactúan entre sí. Los modelos estatales son lineales y estáticos; no capturan la complejidad real del sistema. Se modela infraestructura sin considerar instituciones; productividad sin cultura organizacional; política fiscal sin informalidad.

El país opera, en buena medida, a ciegas. Sin modelos integrados, no puede responder preguntas cruciales: ¿qué combinación de reformas genera el mayor impacto en productividad? ¿Qué secuencia produce el mayor efecto multiplicador en diez años? ¿Qué instituciones deben reformarse primero?

Sin estas herramientas, el Perú corre el riesgo de repetir el patrón de las últimas décadas: reformas parciales que avanzan en un frente pero retroceden en otro, políticas que funcionan en el papel pero no en la práctica, y ciclos de crecimiento que no se traducen en bienestar sostenido.

Los desafíos que un modelo evolutivo debe abordar

El primer desafío es modelar un sistema de pensiones y salud universal y sostenible. Un país no puede aspirar al desarrollo si la mayoría de su población vive con miedo a enfermarse o envejecer sin ingresos. Un sistema con un componente universal de cuentas individuales financiado con el IGV y un componente voluntario permitiría reducir la incertidumbre y fortalecer la cohesión social. Lo mismo ocurre con la salud: integrar EsSalud, SIS y el sector privado en un sistema articulado y universal, con estándares unificados, permitiría mejorar la calidad del servicio y reducir costos.

El segundo desafío es modelar como elevar la productividad de los pobres. El Perú tiene dos economías que conviven sin integrarse: una moderna, competitiva y global; y otra tradicional, informal y de baja productividad. La clave no es formalizar por decreto o implementar programas de transferencias monetarias, sino dotar a los trabajadores pobres de tecnologías físicas, sociales y económicas que les permitan producir más y mejor. En la agricultura andina, esto implica riego tecnificado, semillas mejoradas, drones agrícolas, sensores de humedad, seguros paramétricos, créditos digitales e inclusión financiera. En el comercio minorista y en el transporte, significa simplificar el régimen tributario, facilitar el acceso al crédito, promover plataformas de comercio electrónico y ofrecer capacitación en gestión digital.

El tercer desafío es modelar el impacto del cierre de la brecha de infraestructura para lograr una priorización en su selección y disminución de la corrupción en su ejecución. Sin carreteras, puertos, energía y telecomunicaciones, la economía no puede evolucionar. La integración andino-amazónica, la expansión de la fibra óptica y la infraestructura hídrica son esenciales, pero faltan sistemas de priorización y ejecución eficientes.

El cuarto desafío es modelar el impacto de dotar al ciudadano de igualdad de oportunidades e inclusión financiera. La desigualdad no se reduce solo con transferencias, sino con instituciones que permitan que todos participen en la creación de riqueza. La inclusión financiera no solo es otorgar billeteras electrónicas, sino el acceso al crédito competitivo. La educación debe transformarse con IA, formación docente renovada y alianzas con empresas.

El quinto desafío es modelar el impacto de modernizar el Estado con tecnología emergente. El Estado peruano opera con tecnologías sociales del siglo XX y tecnologías físicas del siglo XIX. La inteligencia artificial y la digitalización pueden cambiarlo todo: sistemas predictivos en salud y educación, automatización de trámites, identidad digital única, compras públicas transparentes y plataformas de datos abiertos para la fiscalización ciudadana. Un Estado inteligente reduce costos, acelera inversiones y mejora la confianza y optimiza la asignación de recursos.

El sexto desafío es modelar el impacto de reformar la burocracia estatal. El país necesita una reingeniería profunda: menos ministerios, menos regulaciones, servicio civil meritocrático, ingreso sujeto a riguroso proceso de selección, evaluación de desempeño y lucha frontal contra la corrupción.

El séptimo desafío es modelar el impacto de la cohesión social. Un Servicio Civil Obligatorio de dieciocho meses para jóvenes de todas las clases sociales podría convertirse en un instrumento poderoso de unidad nacional y productividad dedicados a la reforestación masiva, construcción de infraestructura hídrica, control de erosión y formación en valores cívicos permitirían combinar productividad, empleo, sostenibilidad ambiental y cohesión social.

Finalmente, el país debe enfrentar el desafío fiscal. La sostenibilidad exige ampliar la base tributaria, reducir exoneraciones, convertir el canon en un fondo soberano de riqueza que beneficie a las generaciones futuras de las riquezas no renovables. Simplificar el sistema tributario y combatir la evasión con tecnología. La estabilidad fiscal no es un fin en sí mismo: es una tecnología económica esencial para lograr el desarrollo sostenible.

Un camino posible

El Perú puede convertirse en un país desarrollado en diez años si adopta un enfoque evolutivo como el que propone Beinhocker. No se trata de elegir entre derecha o izquierda, sino de construir un ecosistema donde tecnologías físicas, sociales y económicas coevolucionen. Contar con un modelo que simule el impacto de estas tecnologías es esencial para lograr definir una hoja de ruta que permita lograr el desarrollo integral. El país ya tiene los ingredientes: recursos naturales, sectores modernos competitivos, un Banco Central profesional y una población resiliente. Lo que falta es un proyecto nacional consensuado que articule estos elementos de una forma coherente que permita optimizar la asignación de recursos para lograr un crecimiento balanceado y una sociedad que dé igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos.

El desarrollo no es un milagro ni un acto de voluntad política aislada. Es un proceso evolutivo que requiere instituciones sólidas, innovación constante y cohesión social. El Perú está ante una oportunidad histórica. La pregunta es si tendrá la visión y el coraje para aprovecharla. (El contenido de esta columna se puede consultar en http://www.prediceperu.com/).

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