Linterna de Popa 539

Linterna de Popa 539

Jorge F. Baca Campodónico

Abril 2026

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis en la víspera electoral de 2026

La guerra, el tipo de cambio, la inflación y la pobreza vuelven a acechar la economía peruana

Destaque

A las puertas de las elecciones de 2026, los cuatro jinetes del apocalipsis: guerra, dólar, inflación y pobreza cabalgan juntos. Al igual que con la pandemia de COVID en 2021 los jinetes del apocalipsis  amenazan nuevamente al Perú y exige del electorado no repetir los errores de la elección de 2021.

Los cuatro jinetes del apocalipsis vuelven a acechar la economía del Perú. En vísperas de las elecciones presidenciales de 2021, el Perú enfrentaba la pandemia del COVID-19, un enemigo invisible que paralizó la economía desbordó los hospitales y sembró miedo en cada rincón del país, la incertidumbre disparó el tipo de cambio y la inflación mostró sus garras generando pobreza y desigualdad. El electorado en ese escenario de incertidumbre optó por el candidato más descalificado y la economía peruana vivió 5 años de penurias.

Cinco años después, en vísperas de las elecciones presidenciales del 12 de abril de 2026, el escenario es distinto pero igual de devastador: el primer jinete ya no es un virus que vino de la China, sino las guerras internacionales que, aunque se libran lejos de nuestras fronteras, golpean con fuerza nuestra economía y nuestra sociedad. Lo que entonces fue una crisis sanitaria hoy es una crisis geopolítica que encarece el petróleo, dispara los precios de los fertilizantes y amenaza con arrastrar al Perú hacia una tormenta perfecta de inflación, déficit fiscal, recesión y pobreza. La historia parece repetirse, pero con nuevos protagonistas y consecuencias aún más complejas.

El primer jinete: de la pandemia a las guerras internacionales

En 2021, el Perú vivió la parálisis de la pandemia. Las cuarentenas prolongadas, la caída de la producción y el colapso sanitario marcaron un antes y un después en nuestra historia reciente. Hoy, en 2026, el primer jinete ha mutado: ya no es un virus, sino las guerras internacionales que sacuden el orden mundial.

Los conflictos entre Estados Unidos, Israel e Irán, sumados a la prolongada guerra entre Ucrania y Rusia, han desatado una tormenta perfecta en los mercados globales. El precio del petróleo se ha disparado, arrastrando consigo los costos del transporte y la energía. Los fertilizantes, esenciales para nuestra agricultura, se han encarecido hasta niveles insostenibles, poniendo en riesgo la producción de alimentos y la seguridad alimentaria del país y seguramente tendrán impacto en la inflación en lo que resta del año.

La comparación es inevitable: en 2021, el enemigo era un virus que se propagaba por el aire; en 2026, el enemigo son las guerras que, aunque lejanas en kilómetros, se sienten cercanas en los bolsillos de los peruanos y en la vida cotidiana de los agricultores, transportistas y consumidores. La violencia internacional se traduce en violencia doméstica: el sicariato y la inseguridad se multiplican en nuestras calles, alimentados por la desesperación económica y el incremento de la informalidad y las actividades ilícitas.

El impacto de estas guerras no se limita a las cifras macroeconómicas. Se traduce en inflación, en el encarecimiento de los alimentos básicos, en la desesperación de los agricultores que no pueden costear insumos, y en la violencia que se multiplica en las calles. El primer jinete, que en 2021 fue la pandemia, hoy es la guerra, y su galope amenaza con arrastrar al país hacia un escenario de inestabilidad prolongada.

El segundo jinete: tipo de cambio y déficit fiscal

El caballo del tipo de cambio relincha con fuerza. En abril de 2026, el dólar se cotiza en torno a 3.41 soles, reflejo de la incertidumbre electoral, el escenario internacional y de las medidas populistas que han debilitado las cuentas públicas. El déficit fiscal proyectado por el Ministerio de Economía y Finanzas alcanza el 2,4% del PBI, una cifra que, aunque moderada, muestra una tendencia preocupante en un contexto de menor crecimiento y que verá acentuada como consecuencia de las recientes medidas populistas del Congreso y que el Ejecutivo no las  ha objetado.

Las reservas internacionales aún ofrecen un colchón, pero la confianza de los inversionistas se erosiona. El Banco Central de Reserva (BCRP) había proyectado un crecimiento económico cercano al 3.2% para 2026, pero los analistas ya anticipan que la cifra real podría caer por debajo del 2.5%, dependiendo de la prolongación de los conflictos internacionales y del rumbo que tome el próximo gobierno.

El segundo jinete no solo amenaza la estabilidad cambiaria: amenaza también la marcha del PBI y la credibilidad de nuestras instituciones económicas. La volatilidad del tipo de cambio encarece las importaciones, reduce la competitividad de las empresas y genera incertidumbre en los mercados financieros. El déficit fiscal, por su parte, limita la capacidad del Estado para invertir en infraestructura y programas sociales, y obliga a considerar medidas de ajuste que serán dolorosas pero necesarias a riesgo de perder la calificación crediticia que encarecerá el costo del crédito.

El tercer jinete: la inflación desatada

La inflación ha mostrado su rostro más cruel en marzo de 2026, cuando la tasa anual en Lima alcanzó 3.8%, superando el rango meta del BCRP. Los alimentos subieron más de 5%, y el transporte se disparó en más de 11%, impulsado por el encarecimiento del petróleo. El fenómeno de El Niño añade presión, reduciendo la producción agrícola y elevando aún más los precios.

El impuesto inflacionario, ese tributo invisible que castiga a los pobres, erosiona el poder adquisitivo de las familias y reduce el consumo interno. La inflación no solo golpea los bolsillos: golpea también las expectativas de crecimiento. El BCRP y el MEF deberán revisar sus proyecciones a la baja, reconociendo que la prolongación de las guerras y el encarecimiento de los fertilizantes hacen inviable un escenario optimista.

La inflación es el enemigo más cruel porque golpea directamente a los más vulnerables. Los sectores más pudientes pueden protegerse mediante inversiones en activos financieros o bienes raíces, pero los pobres no tienen esa opción. Para ellos, cada alza en el precio del pan, del arroz o del transporte público significa un golpe directo a su calidad de vida. La inflación no solo es un fenómeno económico: es un fenómeno social que alimenta el descontento y la violencia.

El cuarto jinete: pobreza y desigualdad

La inflación y el déficit fiscal han empujado a miles de familias nuevamente bajo la línea de pobreza. La desigualdad se profundiza, y la brecha entre quienes pueden protegerse de la inflación y quienes no tienen más remedio que soportarla se hace cada vez más evidente. El rostro de la pobreza se ve en el aumento del porcentaje de anemia y el aumento de los niños que abandonan la escuela, en los trabajadores informales que ven evaporarse sus ingresos y en los jóvenes que no encuentran oportunidades en un mercado laboral paralizado por la incertidumbre.

El impuesto inflacionario es el peor de los gravámenes, porque golpea directamente a los más vulnerables. La pobreza no es solo una estadística: es una realidad que amenaza con desatar violencia social si no se toman medidas urgentes. La desigualdad no solo es injusta: es peligrosa, porque alimenta la frustración y la desesperación, y puede convertirse en el caldo de cultivo de conflictos sociales que desestabilicen aún más al país.

El desafío del próximo gobierno

La combinación de estos cuatro jinetes configura un escenario de tormenta perfecta que amenaza con desestabilizar al próximo gobierno desde el primer día de su mandato. Las medidas necesarias serán dolorosas: ajuste fiscal, disciplina monetaria, reformas estructurales y políticas que recuperen la confianza de los inversionistas. No será suficiente con discursos ni promesas vacías.

El electorado nacional tiene en sus manos la responsabilidad de evitar los errores del pasado. En 2021, la división del país nos llevó a una crisis política que aún arrastramos. Hoy, en 2026, estamos nuevamente frente a una encrucijada. El voto no es solo un derecho: es una herramienta de transformación que puede marcar la diferencia entre un futuro de crecimiento y reducción de la pobreza, o un presente de estancamiento y violencia. El electorado debe ser consciente de que en estas horas aciagas, de nada sirven las promesas populistas y demagógicas, lo que se requiere es orden, seguridad y un correcto manejo económico para superar la crisis que se avecina.

Conclusión: estamos aún a tiempo

El bicentenario de nuestra independencia, celebrado en medio de la crisis de 2021, nos recordó que la libertad y la democracia son conquistas que deben defenderse día a día. Hoy, cinco años después, tenemos la oportunidad de demostrar que hemos aprendido de nuestros errores y que estamos dispuestos a construir un futuro mejor. No permitamos que los cuatro jinetes del apocalipsis se abalancen nuevamente sobre nuestra patria. El Perú merece un destino distinto, y depende de nosotros, de nuestro voto y de nuestra responsabilidad ciudadana, que ese destino se haga realidad. No cometamos los errores del 2021. (El contenido de esta columna se puede consultar en http://www.prediceperu.com/).

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