Linterna de Popa 520

Linterna de Popa 520

Jorge Baca Campodónico

Noviembre de 2025

La trampa de la informalidad: cómo romper el círculo vicioso del trabajo precario

Productividad o informalidad: el dilema que define el futuro del Perú

La informalidad laboral sigue atrapando al Perú en sectores clave como el agro, comercio, restaurantes y transporte. Reducir sobrecostos laborales y elevar productividad en estos sectores es el pacto social urgente que puede transformar nuestro futuro.

Diez años atrás, en septiembre de 2015, publiqué mi primera Linterna de Popa en el diario Expreso. El título fue “La Cuña Fiscal”, y el tema central giraba en torno a los sobrecostos laborales que, sumados a la inflexibilidad laboral, a los impuestos y contribuciones sociales, explicaban la elevada informalidad en el Perú. En aquel entonces, la tesis era clara: mientras más alta la carga fiscal sobre el empleo formal, mayor la tentación de permanecer en la informalidad. Hoy, una década después, el problema sigue vigente, pero con un matiz adicional que se ha vuelto imposible de ignorar: la baja productividad laboral, especialmente en sectores como el agropecuario, el comercio, los restaurantes y el transporte.

La informalidad laboral a nivel nacional

La informalidad laboral en el Perú no es solo un fenómeno estadístico. Es una realidad que condiciona la vida de millones de trabajadores, limita la capacidad del Estado para financiar servicios públicos y debilita el sistema previsional y el sistema de salud. Según el INEI, en 2015, el empleo informal representaba alrededor del 74% del total. Hoy, pese a los ciclos de crecimiento económico y al boom de las exportaciones, la cifra se mantiene en niveles alarmantes. La informalidad se ha convertido en un rasgo estructural de nuestra economía que genera que treinta por ciento de la población se encuentre cautiva en la trampa de la pobreza, y su persistencia amenaza con perpetuar el estancamiento en el que caen las economías de ingresos medios, el llamado Middle Income Trap. Y lo que agrava la situación es que la brecha entre la productividad del sector formal e informal crece año a año.

En el Gráfico 1 se presenta la evolución de la productividad del sector formal e informal y de toda la economía. La productividad laboral se presenta como el total de soles corrientes que cada trabajador equivalente produce en un año. El termino trabajador equivalente se utiliza para reflejar el caso de trabajadores que solo trabajan parte del tiempo.

Observamos que la productividad del sector informal es de apenas 27,000 soles por año, que contrasta significativamente con los 167,000 soles del sector formal, y si bien ha aumentado respecto a los niveles de 2007, si descontamos la inflación, las ganancias en productividad son mínimos y la brecha entre el formal y el informal no ha dejado de crecer.

Las causas de la informalidad han evolucionado. Si antes los sobrecostos laborales eran la principal causa, hoy debemos reconocer que la baja productividad es un factor igual de determinante. En sectores donde la productividad laboral es mínima, el costo de formalizarse se percibe como prohibitivo. El agricultor que trabaja en una parcela de subsistencia, el comerciante minorista que apenas cubre sus gastos, el dueño de un pequeño restaurante que lucha por sobrevivir en un mercado saturado, o el chofer de transporte urbano que enfrenta una competencia feroz, todos ellos ven la formalidad como un lujo inalcanzable.

El sector agropecuario: informalidad en la raíz de la economía

El agro peruano es, paradójicamente, uno de los sectores más tradicionales y a la vez más desafiantes en términos de productividad. Según los estudios más recientes, más del 95% de los trabajadores del sector agropecuario se encuentran en la informalidad. La explicación es sencilla: la mayoría de las unidades productivas son pequeñas, familiares, con escaso acceso a tecnología, crédito o mercados. La productividad por trabajador es baja, y los ingresos apenas alcanzan para la subsistencia. En el Gráfico 2 se presenta la evolución de la productividad del sector agropecuario. Observamos que si bien el sector informal ha aumentado su productividad en los últimos 10 años, aún se encuentra muy por debajo de la productividad de la economía total.

En este contexto, exigir el pago de contribuciones sociales, pensiones y seguros de salud se convierte en una barrera infranqueable. El agricultor informal no es informal por elección, sino por necesidad. La formalidad, tal como está diseñada, le resulta incompatible con su realidad económica.

La solución pasa por dos caminos complementarios. Por un lado, aumentar la productividad mediante la introducción de tecnología, extensión agrícola, capacitación, inclusión financiera y acceso a mercados. Por otro, reducir los sobrecostos laborales que hacen inviable la formalización. Si se lograra reemplazar las contribuciones sociales por un aumento de dos puntos en el IGV, como se ha propuesto en otras entregas, el agricultor podría formalizarse sin sentir que se le exige un sacrificio imposible. El Estado, a su vez, compensaría la pérdida de ingresos previsionales con la recaudación adicional del IGV y con el aumento de la base tributaria derivada de la formalización. Por el significativo número de trabajadores en el sector agropecuario, pequeños aumentos en la productividad en este sector tendrían un significativo impacto en el crecimiento del PBI. La experiencia internacional nos dice que sin aumentos significativos de la productividad del sector agropecuario no hay desarrollo sostenible posible.

El comercio: la informalidad en cada esquina

El comercio minorista es otro sector donde la informalidad campea. Basta recorrer cualquier avenida de Lima o de las principales ciudades del país para constatarlo: miles de pequeños negocios operan sin licencia, sin emitir comprobantes de pago, sin registrar a sus trabajadores. La informalidad en el comercio supera el 80%, y se ha convertido en parte del paisaje urbano. En el Gráfico 3 se presenta la evolución de la productividad del sector Comercio, observamos que la brecha de productividad está aumentando entre el sector informal y el formal y la productividad del sector informal es similar a la del informal agropecuario, es decir la trampa de la pobreza se ha extendido del sector agropecuario al sector urbano.

La baja productividad es aquí el factor clave. La mayoría de los comerciantes informales son autoempleados que trabajan largas horas para obtener ingresos mínimos. La competencia es intensa, los márgenes de ganancia son reducidos y la capacidad de inversión es casi nula. En estas condiciones, la formalidad se percibe como un costo adicional que no genera beneficios tangibles.

La propuesta de sustituir las contribuciones sociales por un incremento del IGV tendría un impacto inmediato en este sector. Al eliminar la obligación de pagar aportes previsionales y de salud, el comerciante vería reducidos sus costos laborales. La formalización se volvería más atractiva, especialmente si se acompaña de programas de capacitación y acceso al crédito. La productividad podría aumentar mediante la adopción de mejores prácticas de gestión, inclusión financiera,  el uso de tecnología digital y la integración a cadenas de suministro más eficientes.

Restaurantes: informalidad en la mesa

El sector de restaurantes y servicios de comida es uno de los más dinámicos de la economía peruana, impulsado por la riqueza gastronómica del país. Sin embargo, detrás de la vitrina del éxito culinario se esconde una realidad preocupante: más del 85% de los trabajadores del sector operan en la informalidad. En el Gráfico 4 se presenta la evolución de la productividad laboral del sector restaurantes. Al igual que el sector comercio la brecha entre el informal y el formal en el sector restaurantes se viene agrandando.

La explicación es similar a la del comercio. La mayoría de los restaurantes son pequeños negocios familiares, con baja productividad y escasa capacidad de inversión. Los márgenes de ganancia son reducidos, y los costos laborales formales resultan prohibitivos. En muchos casos, los trabajadores son familiares o conocidos que reciben pagos informales, sin contratos ni beneficios.

La informalidad en este sector no solo afecta a los trabajadores, sino también a la calidad del servicio y a la competitividad internacional. Un restaurante informal difícilmente puede cumplir con estándares de calidad, seguridad e higiene que le permitan competir en mercados globales.

La solución pasa por incentivar la formalización mediante la reducción de los sobrecostos laborales. Si los aportes previsionales se sustituyen por un incremento del IGV, los restaurantes podrían formalizar a sus trabajadores sin sentir que se les exige un sacrificio imposible. Al mismo tiempo, programas de capacitación en gestión, marketing y calidad podrían aumentar la productividad del sector, generando un círculo virtuoso de crecimiento y formalización.

Transporte: informalidad sobre ruedas

El sector transporte es quizás el más visible en términos de informalidad. Miles de vehículos circulan diariamente en las ciudades del país sin cumplir con las normas laborales ni tributarias. Los choferes trabajan largas jornadas, sin contratos, sin beneficios, expuestos a riesgos constantes. La informalidad en el transporte supera el 80%, y se ha convertido en un problema estructural que afecta la movilidad urbana, la seguridad vial y la calidad de vida de los ciudadanos. En el Gráfico 5 se presenta la evolución de la productividad en el sector transporte terrestre. La brecha entre el sector informal y formal ha crecido mucho más que en los otros sectores analizados.

La baja productividad del sector informal contrasta con la elevada productividad del sector formal, la brecha se hace insostenible y se ha agravado por la extorsión y el sicariato. Los ingresos de los choferes son mínimos, y la competencia es feroz. La falta de regulación efectiva ha permitido la proliferación de servicios informales que operan al margen de la ley. En este contexto, la formalidad se percibe como un costo adicional que no genera beneficios tangibles.

La propuesta de sustituir las contribuciones sociales por un incremento del IGV tendría un impacto inmediato en este sector. Al eliminar la obligación de pagar aportes previsionales y de salud, los costos laborales se reducirían, y la formalización se volvería más atractiva. Al mismo tiempo, programas de capacitación en seguridad vial, gestión empresarial, inclusión financiera para la adquisición de medios de transporte estandarizados y uso de tecnología para el cobro de las tarifas, podrían aumentar la productividad del sector, generando un círculo virtuoso de crecimiento y formalización.

El círculo virtuoso de productividad y formalización

La clave para reducir la informalidad en el Perú está en combinar dos estrategias: aumentar la productividad y reducir los sobrecostos laborales. La productividad es el motor del crecimiento económico, y sin ella la formalización es inviable. Los sobrecostos laborales, por su parte, son la barrera que impide que los trabajadores y empresarios den el salto hacia la formalidad.

La propuesta de sustituir las contribuciones sociales por un incremento del IGV es audaz, pero tiene lógica económica. Al eliminar los aportes previsionales y de salud, se reduce la cuña fiscal que desincentiva la formalización. Al aumentar el IGV en dos puntos, se compensa la pérdida de ingresos previsionales y se asegura la sostenibilidad fiscal. El resultado sería un aumento de la formalización, un incremento de la productividad y un fortalecimiento del sistema previsional.

El impacto en el PBI sería inmediato. Al aumentar la productividad en sectores como el agropecuario, el comercio, los restaurantes y el transporte, se generaría un crecimiento económico sostenido. La formalización ampliaría la base tributaria, aumentando la recaudación y fortaleciendo las finanzas públicas. El sistema previsional y de salud se verían repotenciados con la incorporación de nuevos aportantes, asegurando su sostenibilidad a largo plazo.

Conclusión: un nuevo pacto social

La informalidad laboral en el Perú sigue siendo el gran obstáculo para nuestro desarrollo. Diez años después de la publicación de “La Cuña Fiscal”, el problema de la informalidad laboral sigue vigente, pero la solución está al alcance de la mano. Se requiere un nuevo pacto social que combine productividad y formalización, que elimine las barreras que impiden a millones de trabajadores salir de la trampa de la pobreza y dar el salto hacia la formalidad, y que asegure la sostenibilidad del sistema previsional y de salud.

La baja productividad en sectores clave como el agropecuario, el comercio, los restaurantes y el transporte. Allí, donde los ingresos apenas alcanzan para subsistir, la formalidad se percibe como un lujo imposible. En estos sectores, un aumento de la productividad podría significar un aumento significativo del PBI.

El Estado ha intentado enfrentar la informalidad con normas más rígidas y fiscalización, pero los resultados han sido limitados. La razón es clara: mientras los costos laborales formales superen la capacidad real de los pequeños productores y empresarios, la informalidad seguirá siendo la opción predominante. La solución requiere un nuevo pacto social que combine dos estrategias: elevar la productividad y reducir los sobrecostos laborales.

Una propuesta concreta es sustituir las contribuciones sociales por un incremento de dos puntos en el IGV. Este cambio eliminaría la cuña fiscal que desincentiva la formalización y, al mismo tiempo, aseguraría la sostenibilidad del sistema previsional mediante un mecanismo más universal y menos distorsionante. El agricultor, el comerciante, el restaurador y el transportista podrían formalizarse sin sentir que se les exige un sacrificio imposible.

Pero la reforma tributaria debe ir acompañada de políticas activas de aumento de productividad: acceso a crédito, capacitación, innovación tecnológica y articulación a las cadenas de valor (clústeres). Solo así la formalización dejará de ser una carga y se convertirá en una oportunidad de crecimiento.

El Perú necesita recuperar la confianza en su modelo económico. Reducir la informalidad no es solo un objetivo fiscal; es una condición para la competitividad, la justicia social y el desarrollo sostenido. Un nuevo pacto social que combine productividad y formalización puede ser el punto de partida de una transformación histórica. La informalidad no tiene por qué ser nuestro destino: puede ser el inicio de un futuro más justo y próspero. (El contenido de esta columna se puede consultar en http://www.prediceperu.com/).

Comments

  1. Como pueden pactar
    Los jubilados y desempleados no cuentan

    Los oligarcas no desean ceder
    Banqueros, mineros, agrarios

    Los desprotegidos son tratados como lumpen

    La gran masa amorfa no sabe nada ni está organizada

    Los políticos son corruptos y encima ignorantes.

    Las autoridades son incompetentes

  2. Quitar al rico para darselo al pobre no es la solucion. Nivelar por abajo no ha funcionado en nungun pais. La solucion es el aumento de la productividad y dar igualdad de oportunidades para todos. Lo importante es hacer un buen diagnostico y ofrecer soluciones. Hechandole la culpa a otros no soluciona los problemas del pais. Hay que tener vision de futuro.

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