Linterna de Popa 530

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Jorge F. Baca Campodónico

Febrero 2026

Medición del PBI: El termómetro roto de la economía peruana

Las fallas en la medición del PBI están distorsionando un diagnóstico real de la economía

Destaque

Las fallas en la medición del PBI peruano generan diagnósticos errados que distorsionan la política monetaria y fiscal, elevan la incertidumbre económica y exigen coordinación institucional urgente. La actualización del año base anclado en el 2007 es una necesidad que requiere atención inmediata.

En medicina, un diagnóstico errado puede ser tan peligroso como la enfermedad misma. Un termómetro que marca fiebre donde no la hay, o que oculta un cuadro grave detrás de una lectura tibia, puede llevar a un tratamiento equivocado, a una dosis inadecuada o a una intervención innecesaria. En economía ocurre exactamente lo mismo. Cuando los instrumentos de medición fallan, cuando los indicadores que deberían reflejar la temperatura real de la actividad productiva están distorsionados, las decisiones de política pública —monetaria, fiscal, regulatoria— pueden terminar agravando los problemas que intentan resolver.

En el Perú, la metáfora del termómetro roto se ha vuelto especialmente pertinente. Desde hace varios años, el país convive con una situación anómala: dos instituciones oficiales producen estimaciones distintas del comportamiento trimestral de la economía, con diferencias significativas en componentes clave como el PBI nominal, el consumo privado (ver Gráfico 1), la inversión y, sobre todo, la variación de existencias. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), responsable constitucional de las cuentas nacionales, publica una serie; el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), encargado de la política monetaria, elabora otra. Ambas conviven, ambas circulan, ambas son utilizadas por analistas, inversionistas y autoridades. Y ambas, inevitablemente, generan confusión.

La coexistencia de dos termómetros que no marcan lo mismo sería preocupante en cualquier país. Pero en el Perú, donde la informalidad, las actividades ilegales y la debilidad estadística estructural complican la medición de la economía real, esta dualidad adquiere un carácter crítico. No se trata solo de una disputa técnica entre instituciones. Se trata de la posibilidad real de que el país esté tomando decisiones de política económica basadas en un diagnóstico equivocado, con consecuencias que pueden sentirse en el empleo, en el déficit fiscal, la inversión, el crédito y el bienestar de millones de personas.

Esta entrega explora cómo llegamos a esta situación, por qué es tan peligrosa, qué factores la agravan y por qué urge una coordinación institucional que devuelva coherencia y credibilidad a las cuentas nacionales. También examina un problema de fondo que el Perú arrastra desde hace casi dos décadas: la falta de actualización del año base de las cuentas nacionales, que hoy siguen ancladas en 2007, un mundo económico que ya no existe.

El origen de la divergencia: dos metodologías, dos realidades

Para entender el problema, conviene empezar por lo básico. El INEI es la entidad encargada de producir las cuentas nacionales anuales y trimestrales, siguiendo estándares internacionales. El BCRP, por su parte, necesita estimaciones trimestrales del PBI para calibrar su política monetaria, en particular la tasa de interés de referencia. En teoría, ambas instituciones deberían trabajar con la misma información y la misma metodología. En la práctica, no es así.

Un ejemplo de la gravedad de esta divergencia está en la estimación de la Inversion Bruta Fija (ver Gráfico 2). Una sobre estimación de este componente puede llevar a una proyección optimista de la evolución del PBI y de la generación de empleo. El gráfico 2 nos dice que el BCRP sobreestima en 18,600 millones de soles la Inversión Bruta Fija, cifra equivalente a 1.5% del PBI y que puede cambiar nuestra apreciación de la economía.

El BCRP utiliza información de alta frecuencia, indicadores adelantados y modelos propios para estimar el PBI trimestral antes de que el INEI publique sus cifras oficiales. Esto es comprensible: la política monetaria no puede esperar. Sin embargo, con el tiempo, estas estimaciones preliminares se han convertido en una serie paralela que, en algunos componentes, difiere de manera persistente de la del INEI.

La divergencia en la Variación de Existencias

La divergencia más notoria aparece en la variación de existencias, o variación de inventarios, un componente residual del PBI por el lado del gasto que suele absorber errores de medición, omisiones o discrepancias entre fuentes.

En el Perú, este componente se ha vuelto un agujero negro estadístico. Durante el periodo 2007 – 2020, en algunos trimestres, la variación de existencias estimada por el BCRP es positiva mientras que la del INEI es negativa, o viceversa (ver Gráfico 3), lo cual es lo normal y usualmente está asociada al ciclo económico. Sin embargo, a partir de 2021, la variación de existencias se ha mantenido negativa alrededor de los 25,000 millones en el caso del BCRP (equivalente a más de 2 puntos porcentuales del PBI) y alrededor de 15,000 en el caso del INEI. El último dato nos muestra una discrepancia de 20,400 millones de soles entre las cifras del BCRP y del INEI.

Para un lector no especializado, esto puede parecer un detalle técnico. Pero mantener la variación de existencias en niveles negativos por más de 19 trimestres (casi 5 años) en un nivel equivalente al 2% del PBI es muy inusual. Los inventarios de las empresas no se pueden reducir indefinidamente.  Para un banco central que utiliza la brecha del producto —la diferencia entre el PBI observado y el PBI potencial— como insumo para definir su tasa de interés, estas diferencias pueden alterar por completo la lectura del ciclo económico.

Si el PBI observado está sobreestimado, el banco central puede creer que la economía está recalentada y subir la tasa de interés innecesariamente, enfriando aún más la actividad. Si está subestimado, puede pensar que la economía está deprimida y bajar la tasa, alimentando presiones inflacionarias. En ambos casos, el error estadístico se convierte en un error de política.

El impacto de la informalidad y las actividades ilegales

A esta divergencia metodológica se suma un problema estructural que el Perú arrastra desde hace décadas: la enorme proporción de la economía que opera fuera del radar estadístico. La informalidad laboral supera el 70 por ciento. La informalidad empresarial cada día es mayor. Y, además, existen actividades ilegales de gran escala —minería ilegal, narcotráfico, tala ilegal, contrabando— que mueven miles de millones de soles al año sin dejar rastro en los registros oficiales.

Estas actividades no solo distorsionan la economía real; también distorsionan su medición. La minería ilegal, por ejemplo, genera ingresos, empleo, consumo y exportaciones que no aparecen en las cuentas nacionales. El narcotráfico influye en el flujo de divisas, en la demanda interna y en la inversión en bienes raíces, pero no figura en las estadísticas. El contrabando altera los registros de comercio exterior y de producción industrial. La tala ilegal afecta la medición del sector forestal y del comercio de madera. La informalidad masiva, por su parte, hace que encuestas, registros administrativos y censos capten solo una fracción de la actividad real.

En este contexto, la variación de existencias se convierte en un depósito de inconsistencias. Cuando la producción no coincide con el consumo, cuando las importaciones no cuadran con las ventas, cuando los inventarios reportados por las empresas formales no explican los movimientos del mercado, el residuo estadístico crece. Y ese residuo, en el Perú, se ha vuelto tan grande que ya no puede considerarse un simple error de medición: es un síntoma de un problema estructural.

El riesgo de políticas equivocadas: cuando el termómetro engaña al médico

La política monetaria moderna se basa en modelos que requieren datos precisos. El BCRP, como la mayoría de los bancos centrales, utiliza la brecha del producto para evaluar si la economía está operando por encima o por debajo de su capacidad. Si la brecha es positiva, sube la tasa de interés para evitar presiones inflacionarias. Si es negativa, la baja para estimular la actividad.

Pero ¿qué ocurre si el PBI observado está mal medido? ¿Qué ocurre si la brecha del producto es un espejismo estadístico? ¿Qué ocurre si el termómetro marca fiebre cuando el paciente no la tiene, o no la detecta cuando está febril?

El riesgo es evidente. Una política monetaria basada en datos errados puede agravar la desaceleración económica o alimentar la inflación. Puede desalentar la inversión, encarecer el crédito, afectar el tipo de cambio o generar volatilidad financiera. Lo mismo ocurre con la política fiscal: si el Ministerio de Economía y Finanzas toma decisiones de gasto o de consolidación basadas en un diagnóstico equivocado del ciclo económico, puede terminar profundizando la recesión o sobrecalentando la demanda.

En un país como el Perú, donde la economía ya enfrenta choques externos, conflictos sociales, incertidumbre política y una caída persistente de la inversión privada, el margen de error es mínimo. No podemos darnos el lujo de equivocarnos por culpa de un termómetro roto.

La urgencia de actualizar el año base: 2007 ya no describe al Perú

A todo esto se suma un problema que parece técnico, pero que tiene implicancias profundas: el año base de las cuentas nacionales no se actualiza desde 2007. En términos estadísticos, esto es una anomalía. La mayoría de los países actualiza su año base cada cinco o como máximo diez años para reflejar cambios en la estructura productiva, en los patrones de consumo, en la tecnología y en los precios relativos. El Perú lleva más de dieciocho años sin hacerlo.

El año 2007 pertenece a otra era económica. No existían los smartphones como hoy, el comercio electrónico era marginal, la minería ilegal no tenía la escala actual, el narcotráfico no había penetrado tantas regiones, la informalidad tenía otra composición, la estructura industrial era distinta, el sector servicios era más pequeño, la digitalización era incipiente y la economía global funcionaba bajo otras reglas.

Seguir midiendo la economía de 2026 con la estructura de 2007 es como intentar diagnosticar a un adulto con los parámetros de un niño. Los pesos relativos de los sectores están desactualizados, los patrones de consumo han cambiado, la tecnología ha transformado la producción y los servicios, y la economía informal ha crecido en formas que el año base no captura. Esto afecta no solo el nivel del PBI, sino también su composición, su crecimiento y su interpretación.

La actualización del año base no es un capricho técnico. Es una necesidad urgente para que las estadísticas reflejen la economía real y para que las políticas públicas se basen en información confiable.

La responsabilidad institucional: INEI y BCRP deben coordinar

En este escenario, la falta de coordinación entre el INEI y el BCRP se vuelve insostenible. No se trata de que una institución tenga razón y la otra esté equivocada. Se trata de que el país necesita una sola lectura coherente de su economía. La coexistencia de dos series paralelas genera incertidumbre, confusión y desconfianza. Los agentes económicos no saben cuál interpretar. Los analistas deben escoger entre dos narrativas. Los inversionistas reciben señales contradictorias. Y la ciudadanía, que ya enfrenta un entorno económico complejo, recibe mensajes confusos sobre la marcha del país.

La solución pasa por una coordinación técnica estrecha entre ambas instituciones. El INEI debe acelerar la actualización del año base, mejorar sus encuestas, fortalecer sus registros administrativos y modernizar sus metodologías. El BCRP, por su parte, debe alinear sus estimaciones con las del INEI, compartir información, transparentar sus supuestos y evitar que sus series paralelas se conviertan en una fuente de ruido estadístico.

La economía peruana necesita un solo termómetro, calibrado, moderno y confiable. No dos instrumentos que marcan temperaturas distintas.

El costo de la incertidumbre: un país que navega sin brújula

La falta de estadísticas confiables tiene un costo económico real. La inversión privada, que ya se encuentra deprimida, depende de la claridad del entorno macroeconómico. Los inversionistas necesitan saber si la economía está creciendo o contrayéndose, si la demanda interna se está recuperando, si el consumo privado está repuntando, si las exportaciones están sosteniendo el crecimiento o si la acumulación de inventarios refleja un exceso de oferta. Cuando las cifras oficiales son inconsistentes, la incertidumbre aumenta y la inversión se retrae.

El sector público también sufre. La planificación fiscal requiere proyecciones confiables del PBI, del consumo, de la inversión y del comercio exterior. Si las cifras están distorsionadas, los ingresos tributarios se estiman mal, las metas fiscales se vuelven inalcanzables o irrelevantes, y la credibilidad del marco macroeconómico se erosiona.

Incluso la ciudadanía se ve afectada. Cuando los medios reportan que el PBI creció según el INEI pero cayó según el BCRP, o viceversa, la percepción de la economía se vuelve confusa. No se sabe si la pobreza ha aumentado o ha disminuido. La confianza del consumidor se deteriora. La narrativa pública se fragmenta. Y la sensación de desorden se intensifica.

El desafío de medir una economía que cambia más rápido que las estadísticas

El Perú enfrenta un desafío que comparten muchos países en desarrollo: la economía real cambia más rápido que la capacidad del Estado para medirla. La digitalización, la informalidad, las actividades ilegales, la migración masiva, la transformación del comercio y la evolución del sector servicios han alterado la estructura productiva de formas que las estadísticas tradicionales no capturan adecuadamente.

La minería ilegal, por ejemplo, no solo produce oro; también genera cadenas de suministro, servicios financieros informales, transporte, comercio y consumo. El narcotráfico no solo exporta drogas; también mueve divisas, financia actividades legales, distorsiona precios y afecta la demanda interna. La informalidad no solo evade impuestos; también altera los patrones de producción, empleo y consumo.

Medir estas actividades es extremadamente difícil. Pero ignorarlas es aún peor. Cuando una parte significativa de la economía opera fuera del radar estadístico, los agregados macroeconómicos se vuelven incompletos, inconsistentes o engañosos.

Hacia una reforma estadística integral

El Perú necesita una reforma estadística profunda que incluya la actualización del año base, la modernización de las encuestas económicas, la integración de registros administrativos, el uso de big data, la cooperación interinstitucional y la transparencia metodológica. No se trata solo de mejorar la precisión de las cifras; se trata de fortalecer la credibilidad del Estado, la calidad de la política pública y la confianza de los ciudadanos.

El INEI debe liderar este proceso, pero no puede hacerlo solo. Necesita el apoyo del BCRP, del MEF, de la SUNAT, de los gobiernos regionales, de las universidades y del sector privado. La economía peruana es demasiado compleja para ser medida con instrumentos del siglo pasado.

Conclusión: reparar el termómetro antes de recetar el tratamiento

El Perú atraviesa un momento económico delicado. La inversión privada está deprimida, el empleo formal crece lentamente, la productividad se estanca, la informalidad se expande y la confianza empresarial sigue frágil. En este contexto, la política económica necesita precisión, coherencia y credibilidad. No puede basarse en datos inconsistentes, metodologías divergentes o estadísticas desactualizadas.

El país necesita reparar su termómetro antes de seguir recetando tratamientos. Necesita una sola lectura del PBI, una sola narrativa del ciclo económico, una sola base estadística que refleje la realidad del siglo XXI. Necesita que el INEI y el BCRP trabajen juntos, no en paralelo. Necesita que la medición de la economía deje de ser un problema y vuelva a ser una herramienta.

Porque sin un diagnóstico claro, cualquier política —por bien intencionada que sea— corre el riesgo de empeorar la enfermedad. (El contenido de esta columna se puede consultar en http://www.prediceperu.com/).

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